Emoción

No tengo miedo

¿Tienes miedo?

Todos tenemos miedos ¿sabes reconocer los tuyos? ¿los reconoces y los afrontas? ¿los escondes? Esto es lo peor que puedes hacer, esconderlos.

Cualquier emoción que se queda retenida es un lastre, un peso que arrastramos y que puede convertirse en un problema tanto emocional como físico.

Los cuentos son fantásticos pedazos de sabiduría que, bien redactados, llegan hasta lo más profundo de nosotros mismos y nos hacen reflexionar. Lee este a ver qué te parece ¿te resuena algo?

Animarse a volar

Y cuando se hizo grande su padre le dijo:

  • Hijo mío, no todos nacen con alas, y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería triste que te limitaras a caminar.
  • Pero yo no sé volar – contestó el hijo

Lo tomó de la mano y, caminando, lo llevó al borde del abismo.

  • Ves, hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar, sólo debes pararte aquí, respirar hondo, y saltar. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás.

El hijo dudó.

  • ¿Y si me caigo?
  • Aunque te caigas no moriras, sólo tendrás algunas magulladuras que te harán más fuerte para el siguiente intento – contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo y lo contó a sus amigos y compañeros, con los que había andado toda su vida.

Los más cerrados de mente le dijeron:

  • ¿Estás loco?
  • ¿Para qué?
  • Tu padre delira
  • ¿Que buscas volando?
  • ¿Por qué no te dejas de tonterías?
  • ¿Quien necesita volar?

Los más lúcidos también sentían miedo:

  • ¿Será cierto?
  • ¿No será peligroso?
  • ¿Por qué no empiezas poco a poco?
  • En todo caso, prueba desde una escalera
  • o desde la copa de un árbol ¿pero desde la cima?

El joven escuchó los consejos de quienes lo querían, subió a la copa de un árbol y con coraje saltó.

Desplegó sus alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero se precipitó contra la tierra.

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

  • ¡Me mentiste, no puedo volar! Probé y mira qué golpe me dí. No soy como tú, mis alas son de adorno – lloriqueó.
  • Hijo mío – dijo el padre – para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen del todo. Es como tirarse de un paracaídas, necesitas altura antes de saltar

    Para aprender a volar hay que empezar corriendo un riesgo, de lo contrario, lo mejor es resignarse y seguir caminando

Si quieres volar has de estar dispuesto a correr algún riesgo… o puedes seguir caminando.

Todos los grandes triunfadores han corrido riesgos en su vida, muchos de ellos consideran que son quienes son gracias a sus fracasos, gracias a las veces que saltaron y se dieron con el suelo pero volvieron a levantarse. Por todas esas lecciones que aprendieron fallando ahora son grandes voladores.

¿Quieres volar? Tienes que saltar.

Repite con nosotros

NO TENGO MIEDO

¡Salta! no tengas miedo
¡Salta!

 

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