Emoción

La sinceridad alimenta tu alma.

Nuestra esencia, lo que somos, se oculta muchas veces en el miedo: miedo a que nos rechacen, miedo al que dirán, miedo a no ser aceptados, etc

Como consecuencia vivimos agobiados convirtiéndonos en alguien que no somos. Creamos personajes distintos para diferentes situaciones de la vida, sin darnos cuenta de que creamos una realidad paralela. Nos peinamos a la moda y nos vestimos según las tendencias sin pensar si es lo que queremos o no, nos mueven estímulos externos. Dejamos que nos muevan.

Alimenta tu alma

Del mismo modo que alimentamos nuestro cuerpo, tenemos que alimentar nuestra alma. Prestarle la atención que requiere para no perdernos.

Mirar hacia dentro en una sociedad enfocada en que miremos hacia afuera es un acto de rebeldía, lo llaman egoísmo cuando no es así. Cuando no miramos nuestro interior cada día nos alejamos un poco más de nuestra esencia, de nuestra alma, esa que clama por dejarse ver, por hacerse oír.

¡Hazme caso! es tu alma ¿la oyes?

¿No sería mentir dejar de ser uno mismo para hacer sentir a otra persona mejor? Si te comportas de otra manera, que no es la que quieres o necesitas ¿le das la oportunidad al otro de conocerte de verdad?

Pedimos sinceridad pero no la damos.

Si te muestro como soy te doy la oportunidad de que me quieras o me odies, de que me aceptes o no. Si me comporto de otra manera para agradarte no sabes quien soy, y ahí es donde empiezan todos los problemas. Entonces ¿a quien engañamos? a nosotros mismos.

Esa falta de coherencia con nosotros mismos es origen de ansiedad y estrés. No nos gustamos.

Cuando dejamos de ser nosotros la mente lo integra como una realidad, nos convertimos en quien no somos y lo que proyectamos en el mundo es lo mismo ¿dónde está la realidad entonces?

No existe una sola realidad. Tu realidad no tiene porque ser la mía en función de nuestra percepción, gustos, valores, etc. Eso no es malo como nos han enseñado, tu realidad es correcta y la mía también, podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío.

Te invito a que mires a tu interior,  hacia aquello que de verdad sientes y deseas, hacia aquellos rincones de tu alma a los que todavía no has querido o no has podido entrar. Son momentos de grandes cambios en nuestro mundo, está en nuestras manos crear nuestra realidad, una realidad acorde con el sentir de cada uno en la que expresar libremente quienes somos y aquello que hemos venido a hacer, nuestra más profunda verdad.

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“Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia dentro despierta.” Carl G. Jung

Alimenta tu alma con lo que sientes, dale poder a tu esencia. No tengas miedo a expresarte, hazlo desde dentro reaccionando a lo que te provocan las situaciones y no las personas. A veces, las personas son el espejo en el que nos miramos y nos dan la oportunidad vernos y decidir si seguir así o cambiar.

El Roble

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Había una vez, un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “NO SABÍA QUIÉN ERA.”

“Lo que te falta es concentración”, le decía el manzano, “si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves que fácil es?”

No lo escuches, exigía el rosal.
Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son? “Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín EL BÚHO, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra.

Yo te daré la solución…
No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas.
Sé tú mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.

Y dicho esto, el búho desapareció.- ¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…?…Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió.
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal.
Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso.
Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión “Cúmplela”.

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Y tú… ¿dejas crecer el roble que hay en ti?

En la vida, todos tenemos un propósito que cumplir, un espacio que llenar. No permitas que nada ni nadie te impida conocer y compartir la maravillosa esencia de tu alma.

 

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