Emoción

Y tú ¿ Que verdad quieres?

Todos poseemos nuestra verdad, pero no tiene porque ser la correcta. Nuestra verdad es solo nuestra y viene dada por todo aquello que hemos experimentado o vivido.

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¡Cada uno tiene su verdad!.

 

A veces nos escondemos tras nuestra verdad que está llena de creencias que nos limitan y no nos deja avanzar, nos ocultamos en  hacer mil cosas para no ver, oír o sentir porque nuestra verdad es dolorosa, como nos enfocamos en ella  la hacemos nuestra realidad y no nos damos cuenta que lo que vivimos no tiene porque ser tu presente y mucho menos nuestro futuro .

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¡Allí donde pones tu enfoque pones tu energía!

Arraigamos nuestra verdad y hacemos de ella nuestra forma de vivir, nos escondemos en esa verdad que nos hemos creado, construyendo una fortaleza en la que protegernos del mundo exterior, cuando lo que estamos haciendo es separarnos de nosotros mismos.

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Creemos que nuestra verdad es la correcta y nos olvidamos que la verdad depende de donde estés observando, desde donde pones la intención, desde donde te colocas.

¿Estamos preparados para saber la verdad?, ¿Estamos preparados para ver desde otro prisma? o ¿Preferimos seguir en nuestra silla de confort, esa que no nos gusta pero la tenemos controlada proporcionándonos seguridad porque desde ahí sé lo que pasa, lo que ocurre? Todo es predecible desde ahí.

Lo cierto es que no todo el mundo está preparado, ni es el momento de asumir su verdad, no todo el mundo quiere ponerse  frente a sus miedos y conocer la verdad que se esconde detrás, no todo el mundo quiere asumir el riesgo que supone dar un paso adelante y experimentar lo que podría ocurrir.

Somos dueños de nuestras decisiones y actos  y tenemos que asumir de la misma manera las consecuencias que se producen .

y Tú ¿Quieres saber la verdad?

soy lo que decido

 

LA TIENDA DE LA VERDAD

El hombre caminaba paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y entonces se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco.

Intrigado se acercó a la vidriera, y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate. En el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: “TIENDA DE LA VERDAD”.

El hombre estaba sorprendido. Pensó era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

– “Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?”

– “Sí, señor. ¿Qué tipo de verdad anda buscando, verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?”

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible: llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

– “Verdad completa”, contestó el hombre sin dudarlo. “Estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones”, pensó,”no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones”.

– “¡Verdad plena!”, ratificó.

– “Bien, señor, sígame”

La señorita acompañó al cliente a otro sector y, señalando a un vendedor de rostro muy adusto, le dijo:

– “El señor lo va a atender”

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara.

– “Vengo a comprar la verdad completa”

– “¡Ahá!… perdón, ¿el señor sabe el precio?”

– “No, ¿cuál es?”, contestó rutinariamente. En realidad , él sabia que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

– “Si usted se la lleva”, dijo el vendedor, “el precio es que nunca más podrá estar en paz”

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.

– “Gra..gracias, disculpe”, balbuceó.

Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso. Sé sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.

– “Quizás más adelante”, pensó.

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